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Distintos
tipos de mates
Para quien se propone exponer la técnica del arte
de cebar, en consecuencia, la obligación consiste en
empezar por la calabacita natural el estudio del mate
recipiente. Porque esa calabacita es el verdadero mate, es
decir, el objeto que ésta palabra designó originalmente y
del que derivan todos sus otros significados que son
muchos.
Su origen es puramente sudamericano en los países
tales como Argentina, Brasil (sur), Chile, Paraguay y
Uruguay. Nacieron como recipientes rudimentarios, hace
cientos de años, de la mano de los aborígenes, quienes
pasaron la costumbre al gaucho (de allí que se asimile al
mate como complemento del asado). Mate es vos
castellanizada, del quechua mati, que significa vaso o
recipiente para beber. Se usa tanto para descansar, apagar
la sed, despabilar y hasta ordenar estómagos. Se ha
generalizado, desde el Perú, que fue introducida por los
españoles, hasta el Río de la Plata, como nombre vulgar
del fruto de la calabacera –lagenaria vulgaris- y de esa
misma planta, que se llamó puru, es decir, calabaza, en la
lengua general del imperio de los Incas. En el Río de la
Plata, el uso de ésta voz es más restringido es su
aceptación de fruto, pues con el nombre de mate solo se
designa la variedad empleada para preparar y servir la
infusión de yerba, variedad que se llamó caiguá -
recipiente para el agua de la yerba - en guaraní. Las otras
variedades, de mayores dimensiones, son llamadas yervá, en
guaraní, y porongo, en quechua.
El cultivo de la yerba mate fue esencial para las
misiones jesuíticas, basándose en el mismo toda la economía
de esa comunidad. Con el retiro de la Companía de Jesús,
se fue perdiendo el secreto de la siembra, recuperándose
para fines del siglo XIX con la intervención provincial del
paisajista Carlos Thays, reanudándose así el cultivo en la
actual provincia de Misiones, República Argentina. Después,
por relación de continente a contenido, la palabra mate ha
pasado a designar también la infusión de yerba. Y, según
sea la manera en que se prepare esta infusión, se la
distingue con nombres propios: mate amargo, verde o cimarrón
es el cebado sin azúcar; mate dulce es el cebado con azúcar;
tereré es cebado amargo con agua fría; mate cocido o
yerbeao, se prepara más o menos igual que el té. Su
esencia es tripartita: trabajo artesanal, material empleado
y antigüedad; tres elementos que conforman un todo del que
resulta una obra de arte única e irrepetible. “Toma mate,
che, amigo”, parece ser la frase más popular de la
Argentina. No importa el lugar, la propuesta de tomar mate
se presenta más bien como un sugerente pretexto para una
charla de amigos. Como
curar el mate
El proceso de curación del mate ofrece
dos fases: una previa al uso, que es la designada por tal expresión; otra,
constituida por el uso mismo. La acción de curar el mate persigue dos fines: el
primero consiste en extirpar los hollejos; el segundo en adaptarla al tipo de
infusión.
Estribación de hollejos: es llenar la calabaza nueva con una cebadura
usada o caicué, húmeda, tal como se la extrae del mate que esta en uso. Al día
siguiente se quita toda la yerba, se enjuaga bien la calabaza, y luego, se raspa
a fin de arrancar de sus paredes los tejidos blandos, después enjuagar y repetir
la operación inicial.
Como
cebar un buen mate
Existen y se utilizan actualmente infinidad de
recipientes de mad era, loza, porcelana y aún de plásticos, pero los auténticos
tomadores consideran como único elemento genuino y ortodoxo, el viejo y humilde
mate calabaza, que integra el gusto puro de la
infusión.
Para la cebadura de una buen cimarrón o
"amargo" debe proceder de la siguiente manera: utilizar un mate de calabaza algo
más que mediano, preferentemente con boca chica. El diámetro ideal que debe
tener la boca del mate es el que permita "apenas" pasar al filtro de la
bombilla, que por lo demás sólo debe separarse del mate cuando se cambia la
yerba. Llene el mismo con yerba mate hasta sus 2 tercios, incline, luego, el
mate así cargado sobre la palma de una de sus manos tapándole la boca. Agítelo
suavemente con movimientos de zaranda y, con lentitud, vuélvalo a su posición
natural. Al hacerlo notará que la yerba fina ha quedado arriba. Luego
lentamente comience a verter el agua, que al principio deberá estar apenas
tibia, sobre la parte más vacía del mate. Es ahí cuando se introduce la bombilla
hasta el fondo tapando el pico con el pulgar para evitar que salga aire y se
tape la bombilla.
A partir de ese momento, con agua
caliente pero jamás hirviendo, se irán cebando los mates, cuidando siempre de
incorporar el líquido lentamente y por el mismo lugar, sin mover en absoluto la
bombilla.
En el caso del mate dulce el procedimiento
es el mismo, con la diferencia de que sólo le agregará idealmente un cuarto de
cucharadita de azúcar cada vez que cebe el mate que ha de tomarse. El azúcar
debe adicionarse por sobre la bombilla.
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