|
Güiraldes,
Ricardo (1886-1927), escritor argentino de actitud
cosmopolita que, sin embargo, exaltó los amplios
espacios argentinos y elogió la vida de los gauchos.
Nació
en Buenos Aires en el seno de una familia patricia y
adinerada, lo que le permitió viajar con frecuencia a
Europa y adquirir un espíritu cosmopolita,
fundamentalmente de sus estancias en París y de su
contacto con vanguardias francesas. Contribuyó a la
formación de núcleos juveniles de avanzada que
dieron a conocer las revistas Proa, Prisma y Martín
Fierro. En sus últimos años experimentó la
influencia del pensamiento oriental, sobre todo del
hinduismo, y evolucionó hacia formas más
espirituales.
Se
inició con un libro de versos, El cencerro de cristal
(1915), que lo vincula con las experiencias de Vicente
Huidobro y Oliverio Girondo. Le siguen los Cuentos de
muerte y de sangre y la novela Raucho (ambos libros de
1917). En esta su primera novela ya aparece su binomio
de entusiasmo por lo cosmopolita —Raucho se enamora
de París— y su fascinación por la tierra
americana, pues el protagonista regresa a la Pampa. El
mismo hálito viajero y cosmopolita se percibe en la
novela corta Rosaura (1922) y en Xaimaca (1923), una
novela epistolar que le sirve para contar el viaje que
realizó a Cuba y Jamaica.
En
1926 dio a conocer su obra más notoria, Don Segundo
Sombra, novela señera para su época, donde narra la
iniciación de un joven bastardo a manos del último
gaucho, todo ello mezclado con descripciones de la
vida campesina, relatos tradicionales y descripciones
de la naturaleza que la imbrican en el regionalismo
americano. Esta obra es una de las más importantes de
la literatura argentina y su publicación fue acogida
con euforia por todos los sectores sociales e
intelectuales. Como hecho sociológico no deja de ser
sorprendente que liberales, conservadores,
nacionalistas y radicales la aplaudieran. Lo mismo
sucedió con la aristocracia —criticada en la
obra— y los inmigrantes y sus hijos argentinos de
primera generación —que tampoco salen bien parados.
Incluso en un momento en que Argentina se está
modernizando, Güiraldes se adentra en el mundo rural.
El éxito residió precisamente en este aparente ir
contra corriente: a través de un nacionalismo sutil,
lo que hacía era recuperar el pasado, "el alma
argentina" por medio de una prosa poética, rica
en imágenes y muy novedosa. Sirva como ejemplo este
fragmento del último capítulo:
"La
silueta reducida de mi padrino apareció en la lomada.
Pensé que era muy pronto. Sin embargo, era él, lo
sentía porque a pesar de la distancia no estaba
lejos. Mi vista se ceñía enérgicamente sobre aquel
pequeño movimiento en la pampa somnolienta. Ya iba a
llegar a lo alto del camino y desaparecer. Se fue
reduciendo como si lo cortaran de abajo en repetidos
tajos. Sobre el punto negro del chambergo, mis ojos se
aferraron con afán de hacer perdurar aquel
rasgo."
En
sus últimos textos domina su orientación hacia
inquietudes espirituales, místicas, teosóficas e
hinduistas, como lo acreditan los textos publicados
después de su muerte: Poemas solitarios (1928),
Poemas místicos (1928) y El sendero. Notas sobre mi
evolución espiritualista en vista de un futuro
(1932), en el que da testimonio de sus lecturas e
ideas. Murió en París.
|