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Ubicada
en uno de los barrios más modestos de la ciudad se yergue un simbólico
recuerdo del antaño chivilcoyano donde conviven criollos valientes cuya fama se
expandía en el ambiente.
A
punto se estuvo aquel 22 de Octubre de 1854 de fijar el epicentro de nuestra
ciudad en el lugar cercano a la profunda cañada que representó la gran
preocupación durante años del vecindario, cuando las lluvias se descargaban
sobre nuestra ciudad, las aguas desbordaban la capacidad de la cañada y
avanzaban arrollando a su paso el rancherío donde vivían los más humildes
habitantes de nuestro medio. Estos inconvenientes no amilanaron al criollaje, a
pesar de tener que ser socorridos luego de cada desborde, se mantuvieron
imperturbables en su lugar. Recién en la década del 50 se logró el
entubamiento de la cañada, reduciendo en gran parte el peligro de las
inundaciones.
El
barrio comenzó a poblarse con casas de material y su marcha fue ascendente, se
extendieron las redes de luz eléctrica y agua corriente, el oportuno asfaltado
de sus desniveladas calles lo han transformado en un creciente barrio que avanza
en forma rápida asemejándose con las demás secciones urbanizadas de
Chivilcoy.
En
sus comienzos ofrecía las mismas características que las demás, era
simplemente un baldío rodeado de álamos y eucaliptos. En un sector de la misma
algunos equipos de fútbol hacían sus prácticas.
Comenzó
la preocupación por su remodelación hasta llegar a representar un lugar plácido
para la expansión de la popular barriada. Fue bautizada con el nombre de un
excelente político, escritor y poeta argentino, Florencio Varela, patriota
nacido en 1807 quién debió emigrar a Montevideo en la tiranía de Rosas. En el
destierro fundó “El Comercio del Plata”.
Sobre
la calle Vicente Loveira se encuentra el Club Deportivo y Social
Florencio Varela, cuna de grandes talentos futbolísticos de la ciudad.
En
1935 al cumplirse el 87 aniversario de la desaparición del patricio se
constituyó una comisión popular presidida por el biznieto del prócer Rómulo
Solveira Varela con la finalidad den erigir un monumento recordatorio por
suscripción popular, siendo encabezada por el Intendente Municipal Angel San
Romé, previa colocación de piedra fundamental bendecida por el Presbítero
Luis A. Conti, el 23 de Octubre de 1936 se procedió a su inauguración.
La
obra le fue encomendada al escultor chivilcoyano Antonio Bardi y el pedestal lo
donó la Municipalidad.
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