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En 1852, el poblado de
Chivilcoy estaba asistido espiritualmente por sacerdotes de la Villa de Mercedes
-jurisdicción de la Guardia de Luján- entre ellos el Padre Manuel Velardi,
quien en nota del 17 de agosto de 1852 dirigida al Vicario General de Bs. As. le
solicitaba permiso para establecer un oratorio en Chivilcoy.
En julio de 1854 el
Obispo de Bs. As. erige en Parroquia autónoma a la zona de Chivilcoy, bajo el
nombre de Parroquia San Pedro, y nombrando Párroco al Padre Roque Antonio
Maceyra, quien permanece en di chas funciones hasta 1857.
La primera capilla
funcionó en forma provisoria en un antigua rancho en la esquina de Av.
Villarino y 9 de Julio (hoy confitería La Perla). El Padre Maceyra se hace
cargo oficialmente de esta Parroquia el 4 de septiembre de 1854, en dicha fecha
inicia para Chivilcoy los primeros libros de Bautismos, Matrimonios y
Defunciones.
En el año 1857 el
Padre Maceyra es trasladado y asumió su cargo el presbítero Carlos Boeri.
Mientras tanto por
suscripción popular y otros donativos se obtuvieron los fondos para construir
una capilla y escuela, esta es la capilla que en 1857 inaugura Sarmient o
invitado por los notables del pueblo. El Padre Carlos Boeri permaneció en
funciones hasta 1862, sucediéndole el Padre Severo Soria quien fue reemplazado
en 1866 por el Padre Manuel Badano y fue durante su desempeño que se inició la
obra –magnífica y ambiciosa- de lo que es hoy nuestro templo mayor.
En 1865 el entonces
Presidente de la Municipalidad, Don Federico Soárez ya había comenzado a
promover la obra y luego con el nuevo Consejo Municipal presidido por Don
Leonardo Benitez, la iniciativa toma decididas vías de ejecución. Fueron
tremendos los inconvenientes que se afrontaron para lograr los recursos
necesarios para un proyecto de semejante magnitud. Los autores de los planos
fueron los arquitectos Hunt y Schroder y parte importante desempeñó al
encargarse de la obra el señor Carlos Luchini. Se llama a propuestas para la
construcción de hasta 500.000 ladrillos y la adquisición de 5.500 fanegas de
cal y 8.000 fanegas de arena. Se reciben seis propuestas de albañilería y se
acepta la presentada por Don Francisco Battaglini.
El 30 de septiembre de
1871 llega a Chivilcoy el Obispo y Vicario Capitular de Bs. As., doctor Federico
Aneiros para bendecir el nuevo el nuevo Templo –concluído en sus dos terceras
partes-, en dicha fecha el prelado habilita el Registro de Autos de Visita Canónica
con el detalle de la inauguración que se encuentra en excelente estado en el
archivo de nuestra iglesia del Rosario. Después de su inauguración la obra
avanzó muy lentamente, quedando el Padre Badano solo en la lucha para conseguir
fondos y al enfermarse en el año 1893 aun no se había logrado adelantar en la
misma. El Padre Badano fallece en los primeros meses de dicho año. Desde el 2
de abril y hasta el 22 del mismo mes se hace cargo de la Parroquia su hermano
Honorio, quien era Teniente Cura. Se incorpora en esa fecha quien iba a tener un
decisivo accionar en la conclusión del templo y quien recibiría el
agradecimiento y cariño de los chivilcoyanos; el Padre Andrés Iturralde. Su
dedicación y sacrificio lograron la finalización de las obras.
Par a dar una idea de
esta arquitectónica mansión del Señor, de estilo Renacentista, basta juzgar
sus dimensiones: tiene de largo 49 metros, de ancho 22 metros, crucero 33 metros
de ancho, total de metros 1.140. Alto de la nave central, 14 metros, de las
naves laterales 8 metros. Cúpula, desde el piso hasta el extremo de la cruz, 51
metros. Altura de las torres 41 metros.
El 25 de mayo de 1895
el Obispo y V.C. de Bs. As. Don Juan Agustín Boneo bendice solemnemente el
Templo y permanece en visita nueve días.
El Pad re Iturralde
deja su cargo el 21 de noviembre de 1908, pero no se aleja de nuestra ciudad y
sigue viviendo entre nosotros hasta su muerte en el año 1946.
A un siglo de su
inauguración definitiva, se planean y realizan importantes trabajos de reparación
y restauración. Se constituye la Comisión Pro Restauración del Templo Nuestra
Señora del Rosario, cuyos integrantes trabajan tesoneramente y
desinteresadamente y logran la valiosa colaboración de la comunidad en general,
llegándose así al presente en que encontramos nuestro Templo Mayor hermoseado
y conservado en inmejorables condiciones.
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