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Se
le atribuye la honrosa distinción de ser el propulsor principal de la
fundación de la ciudad de Chivilcoy. Había nacido en Buenos Aires el 17 de
Julio de 1816, a pocos días de haberse proclamado en la histórica Casa de
Tucumán la Independencia de la Patria.
La
infancia y adolescencia transcurrió en su ciudad natal y en la estancia que sus
padres tenían en las costas del río Samborombóm, Partido de Magdalena. La
educación que recibió en ese período estuvo basada en lo que era elemental en
esos años, sabía leer y escribir no muy bien y conocía las cuatro reglas de
la aritmética pero su inclinación por superar sus conocimientos le permitieron
actuar como Agrimensor, dedicándose a mensurar campos. De Magdalena se
trasladó al Partido de Azul y con sus ahorros fundó un establecimiento de
campo, enfrentando toda clase de privaciones y peligros de la época en procura
de lograr una posición independiente.
Ocurrido
el movimiento revolucionario que encabezaron Castelli,
Cramer, Rico y otros decididos a enfrentar y derrotar a
Juan Manuel de Rosas en el año 1839, Manuel Villarino se
alista como ayudante del Coronel Cramer, uno de los principales jefes de la
revolución. Es hecho prisionero y conducido a Bs. As., haciéndolo montar a caballo
"en pelo". Logró fugar a Montevideo donde arrendó un saladero, industria
primitiva de aquellos tiempos, pero el sitio de Oribe lo obligó a abandonar el
mismo y fugarse nuevamente perdiendo todo el capital.
Mientras
se hallaba radicado en Montevideo contrajo enlace con la señorita Salpido, hija
del prócer de la independencia de la República de Uruguay. Al año de casado
falleció su esposa al dar a luz a su hijo Mariano. El golpe rudo para sus
sentimientos muy sensibles lo desalentaron regresando a Bs. As. a instancias de
su padre en el año 1844, pasando a ocuparse como encargado de una estancia de
Pedro Capdevilla. A pesar de la bota de potro y el chiripá que era la
indumentaria de la época no se amilanó. La soledad de la pampa es fuente de
inspiración poética para él, poesía triste que el cultivo a pesar de los
defectos puestos en evidencia al escribir sus primeros ensayos.
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Habiendo
tenido que trasladarse a Chivilcoy para mensurar unos campos, conoce durante su
estadía a Diego White quien lo insta a radicarse en esta zona, habilitándolo
con un capital de 60.000 pesos de moneda corriente y los útiles necesarios para
edificar una casa, la cual construyó Villarino trabajando personalmente en
diversas tareas, rodeándolas de amplias zanjas y colocando un cañoncito de
bronce para cubrirse de los riesgos de algún ataque de malón de los indios
pampas, bautizada la misma con el nombre de "La azotea".
Se
arraiga en Chivilcoy donde contrae nuevas nupcias con Alejandra Pérez con la
cual tiene dos hijas: Antonia y Elena quien se graduaría de maestra, profesión
que ejerció con gran celo y capacidad.
En
1854 el año de la fundación ocupó el cargo de Presidente Municipal lo que
repite en 1861.
Habiéndosele
ofrecido el cargo de Senador Provincial, no acepta, documentando en una carta
que dirige a su hijo Mariano los fundamentos de su renunciamiento. En ella le
dice: "Querido Mariano: la aceptación de la senaduría por honroso que sea
el puesto, importa para mi un sacrificio de esfuerzos, de estudios y de dinero.
De aceptarlo tengo que residir seis meses del año en esa y consagrarme a
estudios pesados a mi edad, todo esto demanda un gran esfuerzo. No querría
declinar el honor que se me hace pero las otras consideraciones son de peso, en
definitiva no acepto."
Para
cerrar esta semblanza del fundador principal de nuestra ciudad, queda el
lamentable acontecimiento de su fallecimiento en el año 1867 en la Capital
Federal víctima de la epidemia reinante, la fiebre amarilla, cuando contaba con
51 anos de edad, descansando sus restos en el cementerio de La Recoleta. El
sincero homenaje de reconocimiento a tan esforzado pionero de la vida
chivilcoyana cuyo sepulcro no ha sido posible localizar.
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