|
Nació
el 15 de febrero de 1811, en la provincia de San Juan, en
el barrio Carrascal y sus nombres de pila fueron Faustino
Valentín, pero como casi todos sus parientes pertenecían
a la orden Dominicana, se lo llamó Domingo Faustino.
Como
un abrazo gigantesco, la vida de Sarmiento abarca toda la
historia nacional respirando aire de montañas andinas
donde transcurrió su infancia, la
epopeya libertadora de San Martín cruzando la cordillera
conmovió su corazón de niño, el caudillismo y la anarquía
acongojaron su espíritu del joven y lo hicieron probar a
edad prematura el amargo sabor del destierro, la tiranía
rosista pretendió amontonar todo su nombre y lo persiguió
con fiereza.
La
organización nacional lo encontró de pie para servir al
país con hondo fervor patriota; aprendió rudos
conocimientos del saber en "La escuela de la
patria" fundada en San Juan en 1817 y fue tal su
deseo que su tío José de Oro, Hermano del ilustrado Fray
Justo Santamaría de Oro, contribuyó a su formación
espiritual, pero aquel distanciado del gobernador de San
Juan debió de emigrar a San Luis, siguiéndolo su sobrino
Sarmiento cuando apenas tenía quince años.
En
ese lugar, a pesar de su corta edad, abre una escuela y se
desempeña como maestro, dando vuelo a una vocación que
le venía del fondo de su alma.
Vuelto
a su provincia, Sarmiento se ve obligado a emplearse como
empleado de una almacén, donde en los ratos libres, se
dedica en la trastienda a leer "La vida de
Franklin" y "La vida de Cicerón".Su lucha
contra los caudillos la inicia en las carreteras de las
armas, siendo Alférez en 1827-1828 participa en la
batalla de Pilar.
En
1831 debió emigrar a Chile con su padre para eludir la
persecución de Facundo Quiroga.
En
Santiago de Chile vive modestamente ejerciendo como
maestro en una escuela ubicada en un rancho; luego
enfrenta duros inconvenientes, haciendo de tendero y
taberero; al sufrir un ataque cerebral cuya gravedad obligó
a sus padres a solicitar a las autoridades de San Juan que
le permitieran regresar al hogar.
Restablecido
vuelve a la lucha en su provincia y con varios amigos
organiza "La sociedad literaria" y se inicia en
el periodismo fundando "El Zonda" periódico a
través del cual ataca a la tiranía de Rosas, lo que
obliga al Gobernador Benavídez, representante del
gobierno de Rosas a su clausura.
En
1840 es encarcelado y luego obligado a emigrar, juntamente
con su padre, a Chile nuevamente y al pasar por los baños
del Zonda, sobre la pared de un rancho, escribe con carbón
la célebre frase "Bárbaros las ideas no se degüellan";
en Chile editó el periódico "El Mercurio".En
1845 viaja a Europa, regresando luego a Chile donde da a
publicidad "Educación Popular", "Argirópolis"
y "Recuerdos de provincia"; este último
conjuntamente con "Facundo" se consideran sus
obras literarias preferidas, que aún son leídas con
interés.
El
1 de Mayo de 1851, resuena como una clarinada el
pronunciamiento del General Justo José de Urquiza contra
la tiranía de Rosas y entonces Sarmiento no esperó más
y conjuntamente con otros exiliados argentinos, entre los
que se contaba Bartolomé Mitre que se encontraba exiliado
en Paraguay, pasan a Montevideo y desde ahí penetran a
suelo argentino, para incorporarse al Ejército Grande que
se estaba organizando en Santa Fe para librar la gesta
libertadora. A
fines de 1851, dicho ejército se pone en movimiento y
marcha orillando el Paraná, pero ante la inclemencia del
clima de verano y la sequía que reinaba, no encontrando
aguadas y pasturas necesarias para la tropa su estado
mayor deciden cambiar el rumbo hacia el este.
El
27 de Enero de 1852, en las primeras horas de la mañana,
acampa a orillas de la Laguna del Tigre, situadas a
orillas de la cañada La Saladas que pasaba junto a los
campos de propiedad de los hermanos Gorostiaga, para
refrescar la tropa y recuperar fuerzas para seguir su
marcha que culminaría con el enfrentamiento del Ejército
Rosista en Monte Caseros el 3 de Febrero en 1852, a
quienes derrotarían produciéndose la fuga de Don Juan
Manuel de Rosas, quién se refugió en la Embajada
Inglesa.
Integrando
esta numerosa columna del Ejército Grande se encontraba
Sarmiento cumpliendo la tarea de boletinero, utilizando
una rudimentaria imprenta de campaña que se transportaba
en una carreta, emitiendo los partes diarios, el entonces
Alférez Bartolomé Mitre formaba parte del estado mayor.
Entabló
relaciones con Manuel Villarino, Federico Soárez, Manuel
S. López, Calixto Calderón, Mariano Benítez entre otros
caracterizados vecinos de la región, amistad que luego se
ampliaría a Don Augusto Krause con quien establecería
una estrecha relación, manteniendo una permanente
comunicación epistolar.
|
El
28 de Enero de 1852, el Ejército Grande reinició su
marcha y con él, el gran maestro sanjuanino quien llevaba
fijo en sus retinas, la grata impresión que le había
causado su visita a las "Chacras de Chivilcoy",
las cuales serían, en el futuro, motivo de su permanente
preocupación.
A
comienzos del año 1857, el Juez de Paz Don Federico Soárez,
el Cura Párroco Roque Maceyra y autoridades municipales
invitaron a Sarmiento a visitar Chivilcoy con la finalidad
de presidir el acto de colocarse las últimas vigas del
techado de la capilla en construcción, lo que motivó la
pronunciación de un elocuente discurso del ilustre
visitante, expresando su admiración por el trabajo de los
labriegos en las Chacras de Chivilcoy, por el avance
progresivo de la ciudad que nacía, mostrando esos
esfuerzos como un modelo para el engrandecimiento de
nuestro país.
Por
entonces Sarmiento ocupaba una banca en el Senado y se
encontraba abocado en la reglamentación de la "Ley
de tierras de Chivilcoy" cuya aprobación logró
dedicándose luego a su reglamentación en 1860.
Durante
su estadía en nuestra ciudad se hospedó en la granja del
vecino Don Antonio Bermejo, cuyo hijo del mismo nombre
fuera después Ministro de Justicia y Presidente de la
Suprema Corte de la Nación. Aprovechando su estadía se
reunió y habló con colonos, entre los cuales se
encontraba Don Augusto Krause, quien ganó la admiración
del visitante y con quien entablaría una estrecha amistad
que culminaría con su designación para ocupar altas
funciones en la Dirección de Escuelas de la provincia de
Buenos Aires.
Es
electo Presidente de la República en el año 1868,
encontrándose en los Estados Unidos, regresa al país y
en vísperas de hacerse cargo de la presidencia, visita a
Chivilcoy el 3 de Octubre pronunciando un histórico
discurso.
El
patriarca cumplió con sus propósitos civilizadores y
progresistas, en 1870 siendo Presidente de la Nación
contrata 65 maestras norteamericanas, las cuales después
de 3 meses, durante los cuales aprendieron las bases del
castellano, se esparcieron por las provincias ejerciendo
la enseñanza primaria y secundaria.
Se
preocupó de la división y propiedad de la tierra en
manos de quienes la habitaran y trabajaran; la Ley de
Tierras de Chivilcoy aprobada en 1857, es una prueba de su
espíritu civilizador, 300 labriegos lograron ser
propietarios de las parcelas, que trabajaban y otros
centenares se transformaron en inquilinos. El 28 de Julio
de 1856, mientras Sarmiento se encontraba abocado a la
consagración de la Ley de Tierras de Chivilcoy,
batallando desde las páginas de "El Nacional",
las autoridades municipales de Chivilcoy deseando
testimoniarle su agradecimiento le enviaron por intermedio
del vecino Señor Robbio la copia de la resolución tomada
por ese cuerpo, el cual expresa lo siguiente:
Muy
Señor nuestro: Decidido este vecindario a manifestarle a
Usted de alguna manera su gratitud, nos permitimos
ofrecerles una quinta cultivada en el ejido de este
pueblo. Suscriben a nota: Don Federico Soárez, Don Miguel
Calderón, Don Antonio Bermejo, Ramiréz, Manuel
Villarino, Valentín F. Coria, Saravia, Rodriguez y Cirilo
Loredo.
Al
entregarle el Senor Robbio la nota a Sarmiento, este
procede a contestarle de inmediato: "Agradezco
emocionado la ofrenda de la quinta que me hacen ustedes.
Desde mi llegada a Bs. As. he buscado en las islas del
Paraná, donde retirarme un día a vivir como me he criado
en mi pobre provincia, a la sombra de los arboles
plantados y aspirando el ambiente embalsamado de las
flores, y como si Ustedes conocieran esa predilección de
mi espíritu, que no ha cambiado la resistencia en las
grandes ciudades, han tenido la buena inspiración de
ofrecerme lo único que sonríe a mi alma, un rincón de
tierra plantada de árboles a donde volver un día a ser
lo que fui, y no dejé nunca de ser, pobre cultivador".
Lamentablemente
nunca habito la quinta obsequiada por los vecinos de
Chivilcoy, que se encontraba en la sección primera en
inmediaciones de la ex estación Norte, ya enfermo de
cuidado y pobre, el gigante civilizador, padre de la
educación Argentina, se traslada a la ciudad de
Asunción, Paraguay, solicitando a los amigos de nuestra
ciudad que procedieran a su venta y le enviaran
el importe logrado
para atender su quebrantada salud y aliviar su
pobreza. De inmediato se le envió la suma de 20.000 pesos,
otorgados por el Ferrocarril Oeste de la Provincia de Bs.
As. que usufructuaba parte del predio. Este es el ejemplo
de patriotismo, enfermo y pobre pasa al ostracismo, digno
y elocuente ejemplo para ser tenido en cuanta por tantos
mercaderes que han defraudado
y defraudan la fe de los argentinos.
Este
glorioso y selecto amigo de Chivilcoy, portador de la fe,
cruzado de la esperanza, antes que formulador de teorías
se conformó con el rol de hachero pragmático desbrozador
de malezas, para convertirse después en impaciente
arquitecto de obras concretas, no exentas de arte y de
lirismo merced a las cuales ha sobrevivido, inclusive, a
las doctrinas que le sirvieron como aliento para elevar
tamaños monumentos. |