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La
educadora Juana Manso sin ser una chivilcoyana ni haber convivido en nuestro
pueblo, significa mucho para nosotros. Esta ligada a nuestra historia por
episodios inolvidables y de profundo significado civilizador.
Con
motivos de la inauguración del Ferrocarril en Chivilcoy, invitada por Don
Manuel Villarino y Don Augusto Krause - sus amigos y admiradores - llegó a
nuestro pueblo el 11 de Septiembre de 1866.
Frente
a la Municipalidad hablaron varios oradores, entre ellos el Dr. Nicolás
Avellaneda, enseguida de este ocupó la tribuna Juana Manso. Apasionada como era
de la cultura popular, entre otras cosas que dijo en su discurso sugirió la
idea de crear en este pueblo una biblioteca publica. Su idea fue recogida de
inmediato y se resolvió al instante realizar al día siguiente una velada
literaria con el fin de recoger fondos para materializar tan noble propósito.
En tal oportunidad pronunció las siguientes palabras: "Señores, donde hoy
se levanta el teatro de Chivilcoy, cuyo propietario es el señor Krause, hace años
existía un pajonal en el desierto y aquí planto su carpa el primer
"Pionero" europeo que vino llamado por el hombre modesto que fue el
alma de Chivilcoy, todos los conocéis: hablo de Manuel Villarino. Augusto
Krause vino aquí con su familia sujetándose a toda clase de privaciones, él
ha dotado a Chivilcoy de un teatro como este, como el hermoso piano
"Erard" ha destinado un capital anoche a beneficio de la fiesta de los
inválidos, hoy para esta obra de lectura ha cedido su sala iluminada y su piano
sin retribución alguna. Honor al desinterés y a la filantropía. Chivilcoy es
el primer pueblo de Sudamericano donde tiene lugar una lectura sobre educación
y lejos de dispersarse a su anuncio, el publico ha pagado su entrada. Es también
la primera vez que las mujeres rinden culto público al saber, prestando el
contingente de su inteligencia a la realización de un pensamiento
civilizador".
Poco
más tarde, el 10 de Noviembre de 1866 se inauguró la Biblioteca a la que se
bautizó con el nombre de Domingo F. Sarmiento. Con este motivo Juana Manso nos
visitó nuevamente, después de dar consejos sobre la organización de la
flamante biblioteca, donó 144 volúmenes de su colección.
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A
la vez preparó un medular discurso para una velada literario-musical que se
realizó al día siguiente a beneficio de 3.800 personas.
En
el año 1868 Juana Manso volvió a Chivilcoy como otras veces, por su afán de
divulgar la cultura en esta oportunidad un grupo de sujetos ignorantes tuvieron
a su cargo la tarea de amargar el corazón de esta noble mujer.
El
incidente ocurrido lo relata de la siguiente manera la profesora Maria Velazco y
Arias: "Tenia Juana en la mesa los papeles de un drama original,
"Rosas" y sin darle espacio para el desfile de escenas expositivas
interrumpieron su lectura una andanada de payasos villanos con pretensiones de
jocosos.
Muy
entera la autora invitó a despejar la sala a quienes no se hallasen cómodos oyéndola;
por lo demás el beneficio pecuniario no era para ella. Alguien del publico
presente, logra coro para imponer orden. Sospecha Juana que los agresores eran
corifeos de un enemigo que los introdujo allí sin pagar, los cuales abandonando
el local y apostándose afuera no
bien reanuda la tarea arrojan una granizada nutridísima de chimarros sobre el
techo metálico y las paredes lenosas con estrépito de bombardeo.
Se
oye la voz colérica de Juana Manso mientras sus dedos temblones recogen los
manuscritos y dice: "Veo que estamos en la pampa". La educadora sale
para poner punto final a un acto del que se deja a salvo al vecindario del
pueblo, pero de cuyo ejido sale sin volver la cara, como las axiliadas de
Sodoma".
Juana
Manso no volvió más a Chivilcoy, aunque siguió manteniendo cordiales
amistades con un núcleo de cultos vecinos, que como ella, comprendieron y se
dolieron de tan ingrato suceso, propio de la incultura de ciertos sectores del
medio ambiente de la época.
Su
presencia civilizadora sobrevive, Chivilcoy no la ha olvidado, prueba de ello es
que la Escuela Nº 7 lleva su nombre y se le recuerda permanentemente. |