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En
el momento de fundarse el partido, Chivilcoy ya era desde hacía años una zona
ganadera por excelencia. Como en muchos otros parajes de la provincia, de cría
del ganado no ofrecía mayores cuidados, y la abundancia del agua y los pastos
naturales, hacían que finalmente las tareas quedaran circunscriptas a cuidar
los rodeos, no tanto en su manejo, sino en que la dispersión de esos animales
sin alambrados se convirtieran en presa fácil de los cuatreros, y más
anteriormente de los malones. La reducida población podía ser fácilmente
a- bastecida por un par de car- nicerías, de manera que la gran mayoría de la
hacienda era arreada ha- cia la Capital donde los con- signatarios le daban diversos
destinos. También por ese entonces, fecha de la fundación, comenzaron a
hacerse los primeros cultivos de cereales. Los pobladores europeos de la región
vasco francesa parece que daban preferencia a la ganadería, mientras que los de
procedencia castellana preferían cultivar la tierra. Es bien conocido que el
inmigrante que demostraba tener buenas costumbres no tenía más que arrimarse a
una casa de ramos generales y manifestar que había conseguido campo para
trabajar. Allí lo proveían de todo, y la antigua Casa Villafañe hasta llegó
a tener criaderos de caballos percherones. Una antigua versión del tractor de
hoy. Le fiaban hasta levantar la cosecha, y la feracidad de estas tierras hizo
que con frecuencia una sola cosecha bastara para que el improvisado agricultor
ganara lo suficiente como para comprar su propio campo. Con la llegada del
ferrocarril todas las actividades cobraron un inusitado movimiento, y a la vera
de la primitiva economía rural proliferaron los saladeros,
"derretideros" de sebo, jabonerías, queserías, cremerías, y
moliendas de harina. Villarino, ciudadano prominente influyó para que Augusto
Krause se decidiera a radicarse aquí lo cual significó un avance en la técnica
productora. Pues fue él quien trajo aquí la primera segadora de trigo, una
desnatadora, y además introdujo los rudimentos de los primeros talleres y
herrerías que atendían las incipientes industrias, todas derivadas de la
agricultura y la ganadería. Más adelante, los grandes comercios de ramos
generales comenzaron a importar lo que para entonces era moderna maquinaría agrícola.
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En
una antigua ilustración de Casa Gregorio Villafañe se exhiben en su vereda máquinas
guadañadoras, arados de mancera, desgranadora de maíz a manivela, y una
clasificadora también accionada por el mismo sistema. La antigua casa Torroba
que continuó su existencia con la denominación de Comercios Lauhirat (hoy
desaparecida), poseía en su archivo la foto de la llegada a su local de una
trilladora arrastrada por un primitivo motor a vapor que es conducida por un técnico
de la Case Co. de Norteamérica. La utilización de las nuevas maquinarias
requería a su vez la instalación de nuevos talleres y la demanda de personal
especializado en su manejo. Al mismo tiempo, no pasaba desapercibida para los
emprendedores la excelente ubicación de Chivilcoy para la instalación de
molinos harineros. Los primeros son de los llamados a piedra, pero la abundancia
de la materia prima, los bajos costos de explotación y una demanda firme, hace
que prontamente se yergan en poderosas empresas, mientras que por otra parte la
ganadería genera también la instalación de in- dustrias afines co- mo las fábricas
de quesos, grandes cremerías, etc. y comienza la de- manda de nuevos implementos
de explotación; agua- das, molinos, a- lambrados, aperos, bretes, primeras siembras
de pastoreo, etc. Sin lugar a dudas, como lo consignamos en nuestro subtítulo,
la agricultura y la ganadería fueron las bases de nuestro desarrollo económico.
Pues a su conjuro las demás actividades pudieron funcionar en forma próspera,
el comercio, las profesiones, los oficios diversos, la enseñanza y la actividad
social
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