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ORIGEN DEL NOMBRE CHIVILCOY - EL CACIQUE CHIVILCO 

Una de las hipótesis mas difundidas sobre el origen del  nombre, sin indagar en el significado del vocablo, se debe a la presencia de un cacique que asentaba sus tolderías según Pastor S. Obligado en su obra “Tradiciones Argentinas”.  Obligado en una narración que titula “La lanza de Chivilcoy”, refiere a las andanzas heroicas del cacique, acampado a orillas del río Salado. El Cacique Chivilco habría sido un eficaz colaborador de las tropas de Liniers (1807) contribuyendo a  derrotar a Beresford. Esto no impide que tiempo mas tarde se dedicara con su tribu a través del devastador malón a asaltar los campos y llevar la hacienda para su mantención.

Un estanciero de aquel entonces, llamado Almeyra  dueño de una estancia donde fue fusilado Dorrego, preparó un fortín en su  campo para defenderse de esos ataques.  

Vicente J. Abriola en su libro “Trozos de historia Chivilcoyana” hace mención a un artículo publicado años después, sobre el ataque de El Cacique al Talar, que  dice así:  “Era por entonces devastador de toda la comarca del oeste el terrible cacique cuya toldería asentaba donde era la ciudad de ese nombre. Inusitado ruido de armas bien pronto llegó a oídos del Cacique acostumbrado a dormir con un ojo abierto y oído atento a los ruidos del campo.

Orgulloso el indómito Pampa de pasadas correrías se alistó para el gran malón que arrasando el talar no dejara ni el nombre.

El encuentro sobre el arroyo Saladas fue sangriento. Ciego de ira, ante el puñado de valientes vecinos que salieron a su encuentro, Chivilco al frente  de una numerosa indiada se vino lanza en ristre sin dar tiempo a cargar las armas de los novatos, pero decididos defensores. A ojos cerrados, a gritería infernal, la melena al viento, seguían aire de carga hasta que trono el cañón. Sin acobardarse los cristianos a vista de los que sus pequeñas caían cruzando bayonetas. Pero los indios, impetuosos en primera carga, indecisos en segunda, dieron vueltas cara en la tercera mas interesados en asegurar los animales que arreaban los indios que la del capitanejo postrado en la refriega. Ya remolinaban chuzas, cuando por mas esfuerzo inauditos que hiciera Chivilco en obtener el triunfo, no pudo llevarse adelante el grupo a cuyo frente avanzara decidido Don Juan Almeya con sus dos hijos de ayudantes. Lanceado el caballo de uno de sus hijos, al desplomarse cayó apretando al jinete.  Viéndolo en tan crítica situación atropelló Chivilco tirando su lanzaso al caído. Logró el joven Hipólito mediante un esfuerzo supremo zafar, y sacando su espada la hundió hasta la empuñadura en el pecho del cacique, cuya caída, fue señal para que las chusmas se dispersaran, y  perseguidos  hasta sus tolderias lo abandonaron. Esta sangrienta lección impidió que se repitieran malones en el talar de Almeyra”.

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