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Hijo
de Antonio Bermejo, proveniente de Málaga, España, quien
había heredado de sus riquezas mayores el espíritu
militar ingresado en su juventud a la marina. Llegó a lo
que luego sería el Partido de Chivilcoy en el año 1843
siendo designado por el Comando de la Guardia de Lujan
Teniente Alcalde del Cuartel Cuatro en comisión para
cumplir importantes tareas. De inmediato alquiló una
chacra, dedicándose al cultivo de la tierra, desafiando
al desierto y a las posibles embestidas de los indios.
Como fruto de su matrimonio nace un niño a quien se le
impone el nombre de su padre, en una casa cercana a la
antigua esquina donde durante muchos años estuvo
instalada la Cigarrería Argentina (hasta hace poco fue
ocupada por la Compañia de Seguros La Primera) en 9 de
Julio e Hipólito Yrigoyen.
Antonio
Bermejo (hijo), se dedicó con afán al estudio, sintiendo
a la vez la vocación de la política. Octavio R. Amadeo
extraordinario exaltador de la trayectoria de los mas
importantes personajes de la vida nacional ofrece una
maravillosa reseña de la vida del Dr. Antonio Bermejo en
su libro "Vidas Argentinas" editado en 1957. Es
interesante recoger algunos de sus párrafos. "El
futuro juez era frágil y a veces se creyó que no maduraría.
Amadeo Jacques predijo su buena ventura, a los 17 años,
fue profesor de matemática y filosofía. Salió a la
cabeza y llegó a la cabeza de su grupo. Conservó siempre
su afición por la matemáticas, sosteniendo que su enseñanza
haría un bien singular por las cualidades de su
disciplina y orden que suscitaban".
Fue
profesor de algebra de algunos de los hijos de Mitre, por
quien sintió una de esas admiraciones mudas y absortas
que comienzan en la niñez y terminan con la vida; una
gran admiración puede ser una elevación.
Fue
Capitán en la Revolución del 80, como su abuelo Bermejo.
Pelearon en el puente Barracas; del otro lado avanzaba
Lavalle con sus chinos en guerrilla, en ausencia de su
jefe el Capitán Bermejo se lanzo al puente con un batallón.
Por la noche asistió a un consejo presidido por el
Gobernador rebelde, hacia frío y Bermejo se acercó a la
estufa, ¡Capitán, cuidado con el fuego! El Doctor C.
Tejedor interrumpió "El Capitán ha probado hoy que
es insensible al fuego"; pero no era su camino.
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No
era tampoco político, "los amigos” de comité no
le atraían; no sabía darles la mano con el apretón
electoral. Candidato a la gobernación de Bs. As. en 1893,
pronunció en Chivilcoy un discurso en que atacó a la política
anterior, al regresar a la ciudad alguien le dijo: "a
muerto usted mismo la candidatura". Para los hombres
de conducta es frecuente que los fracasos aparentes se
conviertan en triunfos ulteriores. Aquel fracaso lo llevo
al Ministerio de Justicia e Instrucción Publica donde creó
el Museo de Bellas Artes, la escuela Industrial, la
escuela Comercial de mujeres y la facultad de Filosofía y
Letras, luego fue designado Presidente de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación donde obtuvo su consagración
como sus fallos tomados en actitud silenciosa de
centinela: "De aqui no se pasa". El Gral. Julio
A. Roca fue quien descubrió a Bermejo y lo llevó a la
Corte en 1903; tenía la vocación, lo que los libros no
ensenaban; tenía oído; Bermejo tenia "Natura y
Salamanca". Dos oídos y no dos orejas; el oído para
escuchar a las partes sus reclamos y el oído de artista,
don nativo para percibir el sentido y los matices finísimos
de la justicia.
Había
sido maestro, periodista, soldado, legislador y diplomático
pero esta fue la suya: La senda de Juez, ¡ Del Juez
Antonio Bermejo!. En los últimos años parecía sentir
nostalgia de aquella chacra donde pasó su niñez y
trabajaba la tierra en el fondo de su casa. Sus vecinos de
la Avenida Quintana solían verlo en primavera a través
de los jacarandaes azules, inclinando sobre la tierra,
afinándola con suavidad entre los dedos; no hundía la
pala hondamente con el furor amoroso del joven agricultor,
apenas las tocaba y olía en sus crepúsculos de jardinero
sin pedirle la riqueza de los cereales profundos, sino
apenas la gracia breve de un rosal.
El
Juez A. Bermejo hijo de Chivilcoy, falleció en Bs. As. el
19 de Octubre de 1929, Chivilcoy no lo olvida, la Escuela
Nº 2 lleva su nombre.
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