| Dedicatoria
Son sueños y proyectos, son
ventanas al encuentro y al olvido, son los andenes,
con silencios de serenatas lejanas.
Esas soledades de humo blanco
por donde cruzan relámpagos de hierro...
Olvidos que se tiznan tras
kilómetros y donde anclan los lamentos.
Así son los andenes con
vacíos de pupilas húmedas, sombras que regresan y
huyen, que van y se quedan en nuestro recuerdo.
Ahí estan, velados por
árboles incorporados a la filosofía cotidiana como
mudos testigos del antes y el después.
Andenes, inmensos horizontes
por donde alguna vez todos hemos andado y desandado
el camino de esperanzas y olvidos y que añaden a su
paisaje esos sabios sin savia, inmolados por la
desesperanza de ser y no poder. Compañía y
fortaleza de aguaceros, huracanes y estíos, algunos
como ramales de acero verticales, grises,
implorando, un mítico rito, un abrazo de soles y
cielos.
Andenes de llegadas y partidas,
de sonrisas y llantos. Arboles que se sienten
mimados por aromas y aves. Aladas sandalias de
primavera que atemperan el paso del destino y los
consuelan con la gracia verdecida.
Hoy estas pinceladas traen el
viento condicional de la espera. Las luces y las
sombras tornasolan las miradas y fragmentan
indefinidamente, como un desafío, la libertad.
Arboles, andenes, olvidos y
soledades...pinturas que se escapan de un espejo y
pueden reflejar,
tal vez la imagen nuestra...
Rosalinda Liliana Kerchner
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